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   Los sectores populares en la revolución en el Río de la Plata.
         Introducción
    La  enseñanza de la historia argentina y sobre todo  de la llamada Revolución de la independencia ha sido dominada por mucho tiempo por el relato de Mitre y su impronta patriótica y nacionalista donde el eje estaba en el protagonismo de las elites porteñas. Si bien se han desarrollado nuevas investigaciones académicas  sobre la revolución, estas se resisten a ingresar en las aulas. A partir de esta constatación  se hace necesaria la elaboración de materiales divulgables para permitir el ingreso de otras visiones del pasado y sobre todo visibilizar el protagonismo de los sectores populares y los distintos antagonismos de clase que atravesaron nuestra historia
    ¿Qué rol jugaron los sectores populares en la revolución en el Rio de la Plata? Este interrogante, más allá de las distintas investigaciones, sigue aún sin resolverse.

Nuevas Visiones sobre la participación popular en la revolución y la independencia

     Para poder comprender las intervenciones de los sectores populares se debe abandonar la visión tradicional de la historia que concebía la participación popular como si los sujetos fueron solamente ciegos seguidores manipulados o dirigidos por una minoría. Cómo señala Raúl Fradkin (2009), la plebe no actuó de forma pasiva  sino  que  se movilizó según sus propios intereses y motivaciones. Este historiador, junto a otros,  ha realizado valiosos aportes a la historia de la Revolución en el Río de la Plata. En sus últimas investigaciones ha  demostrado que los sectores populares tenían una cultura política y que esta se manifestó en las formas de interpretar,  valorar y apropiarse los discursos e ideas de las elites dirigentes.

                
 Desarmando mitos de la Revolución de Independencia
      La intervención de los sectores populares en el proceso revolucionario se puede describir y también comprender si derribamos algunos mitos que nos ha impuesto la historiografía tradicional que,  para el caso de Argentina, siguió por mucho tiempo con la versión de la historia de Mitre. Este militar e historiador  sostenía que la revolución había sido llevada adelante” por unos pocos hombres atrevidos” y “que se había desarrollado en paz”.
    Si queremos comprender  que rol jugaron los sectores populares y las razones de los distintos comportamientos de la plebe debemos correr el eje  de nuestra mirada y no interesarnos tanto en las ideas y discursos de los líderes sino en las distintas maneras en   los sectores populares los  interpretaban  y también como se   apropiaban del ideario revolucionario para actuar según sus propios intereses. Con esta afirmación nos referimos a las opciones que tomarian los sujetos según sus necesidades y motivaciones: el territorio y la autonomía para los indígenas, la libertad para los afroamericanos.
    Porque una historia con clases populares supone interpretar las intervenciones de quienes muy pocas veces han dejado testimonios escritos pero que si leían o escuchaban los discursos y proclamas políticas de la época.
    Siguiendo con los mitos acerca de la revolución   la historia   que ha perdurado en los libros y en las aulas se basó en la visión de Bartolomé Mitre, quien sostenía que” la revolución había sido protagonizada por una minoría inteligente”. Y a esa minoría” la seguía el pueblo, sin discutir, marchando en columnas cerradas.
    Con la versión de Vicente Fidel López entraría el pueblo en el relato, al igual que en los actos escolares del 25 de mayo, único día que los afroamericanos se hacían visibles en la revolución con los alumnos disfrazados de negritos  contentos que venden  velas, mazamorras y empanadas. Aunque aún pervive esta visión estereotipada de la plebe, lo cierto es que los esclavos afroamericanos tuvieron un protagonismo mucho más complejo.
     Según las nuevas investigaciones académicas lo que se produjo en Buenos Aires, la capital del Antiguo Virreinato del Río de la Plata,  fue un pronunciamiento militar. Y los sectores populares en esa ciudad se adherían a sus líderes según sus propios intereses, así estos dirigentes fueran   patriotas o realistas.
    Para entender los intereses que motivaban a las clases populares se  hace necesario entonces derribar otro mito: El de una guerra de independencia donde se enfrentaban  dos bandos contrapuestos. Salir de la simplificación del relato que opone a los relistas como los malos y a los patriotas como los buenos. Y más aún, lo más difícil de digerir  fue la constatación de que los indígenas, mestizos y otros sectores populares lucharon del lado de los revolucionarios pero también hubo quienes se pusieron del lado de los realistas. Este hecho se explica por el simple hecho de que  no todos los indígenas pensaban del mismo modo,  no todos los esclavos tenían el mismo pensamiento y no todos los campesinos tenían los mismos intereses. Además debemos tener en cuenta las diferencias regionales, los conflictos y el impacto de la revolución en cada territorio.  Porque también debemos tener en cuenta que  los sectores populares no se sentían identificados con la nación, ya que la misma no existía como realidad ni como vínculo de comunidad política generadora de lazos de lealtad y cohesión.

La lógica de las intervenciones populares en América
        Si queremos salir de las simplificaciones e imágenes estereotipadas que planteábamos resultan muy ilustrativos los hechos ocurridos en el resto de América.
      En Chile se dio el caso de una fuerte resistencia realista con un gran componente de soldados americanos. En la Araucaria chilena existía un territorio indígena sobre el cual las autoridades españolas no ejercían soberanía gracias a unos tratados de alianza y amistad entre los indios mapuches y dichas autoridades. Devenida la Revolución y las guerras de independencia las tropas realistas tendrían a mapuches y campesinos de su lado. Lo cual se explica por el hecho de que las tribus indígenas sentían temor a que el triunfo de la Revolución terminara con esos pactos de alianza y que la frontera indígena no fuera respetada por el nuevo gobierno revolucionario.
     En Nueva Granada  y Venezuela se produjeron levantamientos de pardos y morenos en contra de la revolución caraqueña debido a su malestar contra las medidas impositivas del gobierno y el reclutamiento impuesto por la dirigencia  revolucionaria. Por lo tanto hasta 1815, que se daría un viraje en las alianzas, la oposición realista contó en sus filas a los afroamericanos.
      En México se nos presenta otra situación, otro tipo de revolución marcada por la violencia y protagonizada por campesinos indígenas y mestizos. Si bien la historiografía clásica puntualiza el protagonismo  del cura Morelos en la insurgencia,  recientes investigaciones han comprobado que los indígenas y criollos fueron en realidad aliados incómodos  del sacerdote en el periodo de 1810 y 1815. Incluso los sectores populares lucharían por la autonomía de sus territorios, no por la independencia de México. Por eso los indígenas optarían por establecer sus alianzas según sus intereses.

A modo de cierre. El impacto de la revolución en la cultura popular americana
      Los esclavos de las distintas áreas americanas  comprendían que el estallido de las distintas revoluciones que impactaban en sus colonias les ofrecía la posibilidad de aprovechar ese momento político para rebelarse. Se percibiría además  como una latente posibilidad de una inversión del mundo: la hora de que los negros manden a los blancos, el fin de las cadenas de la esclavitud.
      Si bien en el Rio de la Plata no hubo rebeliones de  esclavos,  el cambio de coyuntura política a partir de 1810 impactaría como elemento potenciador de las intenciones de libertad. Como ocurriría  en la región de Cuyo, donde los esclavos de Mendoza se rebelarían al no permitírseles incorporarse al ejército revolucionario, lo cual implicaba no solo ascenso social, sino la posibilidad de convertirse en libertos.
      Claramente, los rumores de lo ocurrido en Haití que circulaban entre la plebe del resto de América más  las guerras de independencia operarían en la cultura política de estos grupos de tal forma que los sectores populares se apropiarían de ideas que circulaban de acuerdo a sus propias necesidades e intereses. Se interpretaba que la coyuntura política era propicia para plantear sus distintas reivindicaciones que darían lugar a otras revoluciones de carácter popular no deseadas por la dirigencia de la elite revolucionaria cuyos intereses no contemplaban la subversión del orden social de una sociedad capitalista en construcción.

Fuentes:
“El retorno de un viejo problema: los sectores populares y la Revolución”, presentada en el  Tercer  Encuentro de Pensamiento político  el 16 de octubre de 2009, realizado en el Salón René Favaloro del Jockey Club de la ciudad de La Plata, recuperado de http://servicios.abc.gov.ar/lainstitucion/revistacomponents/revista/archivos/anales/numero10/archivosparadescargar/fradkin.pdf




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